La Congregación, se fundó y crecióse abrió hacia los negros de Uré y los habitantes de regiones donde reinaba la ignorancia religiosa. al lado de los indígenas que viven en medio selváticos, luego Es pues nuestro elemento, trabajar con todos aquellos que no poseen la fe, o se hallan en condiciones de degradación social y religiosa, ya estén en los campos o en las ciudades.
Los trabajos que realiza la Congregación deben hacerse siempre
y exclusivamente para dar o cimentar la fe dice la Madre Laura en el Directorio: “Para que la Santa Fe llegue a los que no lo conocen aunque vivan en las selvas y aunque pertenezcan al demonio por la superstición y la idolatría”... El servicio misionero debe ser es interesado, con una disponibilidad para compartir las angustias y esperanzas de los pobres como entrega total en su liberación.
Este sentido de trabajar por la dignidad de los hombres que han sido despojados hasta del nombre de personas para llamarlos “salvajes”, fue una de las luchas emprendida por la Madre Laura, desde los primeros tiempos de la Congregación. Dice en sus Cartas Misionales: Es también campo para el servicio misionero de la Congregación el trabajar con los que no han recibido la FE cristiana que se encuentran en países no cristianos, sean ellos pobres o no, civilizados o no, prefiriendo en todo caso a los pobres. La acción misionera se realiza en escuelas, internados, centros de salud, visitas domiciliares, ambulancias, excursiones y cualquier otra actividad que lleve a cumplir el fin específico de la evangelización. Todos los campos de acción pastoral con el tiempo, por el éxito del trabajo, se tornarán en campos extraños a su fin.
Sin pena se deben entregar para ir a otra región con sentido de itinerancia. Con gran apertura de espíritu la Madre quiere que las Misioneras no se contenten con enseñar a los niños sino que ha de hacer el bien tanto a los hombres como a las mujeres, a los jóvenes, a los ancianos y en general a todos los miembros de la familia humana, tratando de fundar obras adaptadas a las necesidades de cada uno de estos grupos, con amplia libertad.
Las Misioneras de la Madre Laura, convocadas y enviadas por el amor de Dios Padre en el Espíritu, con un carisma específico en la Iglesia, herencia de la Fundadora, proclaman con el testimonio y la palabra el Reino de Dios, para saciar la sed de Jesús en la Cruz, con clara conciencia de su consagración bautismal y religiosa, bajo la protección de María Inmaculada, con un estilo de vida sencillo, humilde, abnegado, alegre, pobre, con libertad de espíritu, creatividad y generosidad que las lleva a arriesgar hasta la propia vida por el servicio a Dios y al hermano, viven hoy su carisma fundacional.
Realizan su acción misionera en comunión con la Iglesia Universal y particular insertas en la realidad de los pueblos con gran empeño de llevar una evangelización incultura da e integral en el aspecto de promoción humana, acompañamiento de sus procesos histórico-organizativos, dinamizar las pastorales de educación, salud, enfermos, ministerial, formación de líderes, promoción de la mujer, catequesis sacramental, valorando la cultura de las diferentes etnias, aprendiendo su lengua, conociendo sus costumbres e insertándose en las comunidades, a ejemplo del Hijo de Dios que no desdeñó su categoría de Dios para asumir nuestra naturaleza. Esta labor lleva a una madurez de los destinatarios.
Acorde con las necesidades de los tiempos, se detecta en la Congregación un gran cambio en la manera de evangelizar, respetando las culturas indígenas, sus valores positivos. Las hermanas se preocupan por formar verdaderas acciones autóctonas conscientes de su propia cultura y amantes de su raza. Se toma conciencia de la urgencia de ser testigos de Jesús en este nuevo contexto de misión, continuando con la opción preferencial por los indígenas. La Congregación impulsa la organización indígena como estrategia para reivindicar sus derechos humanos.